Las montoneras

general-eloy-alfaro-montoneros

El general Eloy Alfaro y sus montoneros.

El coronel Sangurima expresaba orgullosamente que debía las charreteras al general Pedro José Montero.

—El cholo Montero me hizo coronel en el campo de batalla. Fue en la revolución del año once. Ustedes recordarán…

No ha habido revolución en los últimos tiempos a la cual no hubiera asistido el coronel Eufrasio Sangurima.

En cuanto llegaba a sus oídos la noticia de que algún caudillo se había alzado en armas contra el Gobierno, el coronel Eufrasio Sangurima se sentía aludido.

—Yo estoy con los de abajo —decía—. Todo el que está mandando es enemigo del pueblo honrado.

Reunía veinte o treinta peones conocidos, que le proporcionaban compañía eficaz. Se trataba de gente escogida, valerosa, amiga de tiros y machetazos, sin más bagaje que el alma a la espalda. Los aprovisionaba de fusiles, machetes y frazadas, que poseía en abundancia; los montaba en buenos caballos criollos; y, él a la cabeza, los botaba por los caminos del monte, lanzando vivas estentóreos al caudillo levantisco.

Tan pronto como salvaba los linderos de La Hondura, la montonera de Sangurima iniciaba sus depredaciones. Para el Coronel, sin más consideración, pasados los límites de la hacienda comenzaba el campo enemigo…

Más allá de los contornos, hasta donde había extendido su prestigio siniestro, a la montonera del Coronel la conocían por la montonera de los Sangurimas, o simplemente los Sangurimas.

Así que en el agro montuvio sonaba el anuncio de que los Sangurimas venían, se volvía todo confusión y espanto.

Los Sangurimas no respetaban a nada ni a nadie. Amigos o enemigos, adictos a la revuelta u opositores de ella, habían de pagar su tributo a la montonera en armas…

Extracto de Los Sangurimas en el que José de la Cuadra hace un retrato de las montoneras, nacidas de la tendencia mítica del hombre montuvio. Como escribiría el propio autor en El montuvio ecuatoriano, «Creado el héroe —militar, por lo corriente—, cualquier gamonal, o individuo que aspire a serlo, decide «levantarse». Reúne bajo su mando gente voluntaria, que nunca falta, o su propia peonada; se acoge al nombre del héroe como a una bandera, y se lanza a combatir a las fuerzas regulares en guerra de guerrillas. Si triunfa el pretendiente en todo el país y se trepa al sillón quiteño, el cabecilla de la montonera ocupará una posición privilegiada, mientras que sus hombres supérstites regresarán a las casas abandonadas a referir sus hechos de armas; si pasa al revés, regresarán los supervivientes acompañados de su glorioso jefe, se internarán en las selvas y se dedicarán al vandalaje. La montonera derivará hacia la cuadrilla de ladrones».

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: