«El matapalo es el símbolo preciso del pueblo montuvio»

Matapalo-Los-Sangurimas

Matapalo que ilustra una de las primeras ediciones de Los Sangurimas.

José de la Cuadra decide anteponer a su novela una especie de prólogo en el que propone una representativa visión del hombre montuvio, mediante la descripción alegórica del matapalo. La analogía no solo confiere antigüedad inmemorial a este campesino costeño —«el pueblo montuvio está sembrado en el agro, prendiéndose con raíces como garras»—, sino que le erige además en un ser genuino y esencialmente natural —«el pueblo montuvio es así como el matapalo, que es una reunión de árboles, un consorcio de árboles, tantos como troncos»—.

En realidad, esta Teoría del matapalo crea desde el principio el tono mítico que se requiere para la narración de la historia de una ancestral saga familiar: «La gente Sangurima de esta historia es una familia montuvia en el pueblo montuvio: un árbol de tronco añoso, de fuertes ramas y hojas campeantes a las cuales, cierta vez, sacudió la tempestad». Esta comparación constituye un paradigma del linaje de Nicasio Sangurima, y se convierte en el motivo que da unidad artística a la obra. En paralelo con el emblemático matapalo, la estructura de Los Sangurimas se apoya en una organización genealógica, asumiendo la forma natural del árbol con una división en cuatro instancias: «raíces semejantes a garras» —la madre de Nicasio Sangurima y el gringo que la sedujo—, de las que surge un tronco «añoso» y «grueso» —el patriarca de la familia, Nicasio Sangurima—, del que se desprenden, a su vez, «fuertes ramas» —cuatro de sus diez y seis hijos legítimos—, a las que están unidas las «hojas campeantes» —los nietos—.

La Teoría del matapalo es además un pronóstico: «hojas campeantes a las cuales, cierta vez, sacudió la tempestad». Así se vaticina que el dominio de Nicasio Sangurima se verá perturbado por una violenta discordia familiar provocada por los nietos, que inevitablemente incluirá a los padres y al abuelo, dividirá la estirpe en bandos y culminará con la caída del simbólico matapalo. A la sombra del árbol comienza Los Sangurimas, y a la sombra del árbol concluye también.

Sin embargo, aún siendo la crónica de una caída anunciada, no supone un fin perentorio, pues en palabras de José de la Cuadra: «como esos viejos árboles del agro, que heridos de hacha, rebrotan y se resisten a morir, la gente montuvia, soportando males tremendos, se agarra a la vida, como los matapalos se agarran al subsuelo, con raíces profundas y tenaces».

matapalo 3

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2 comentarios

  1. esnjnjbhvghyhvhvhvhvjv

  2. José Aguilar · · Responder

    Pongan las características del matapalo

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